El cerebro humano tiene un defecto, que es su incapacidad para proyectarse en el futuro. Por eso, tras una comida copiosa creemos que jamás volveremos a tener hambre (pero el hambre regresa, puntual, a la hora de la merienda). Lo mismo pasa con las crisis económicas, nadie cree al Pedro que baja de la montaña con estadísticas. Se dice que hay recesión cuando despiden a nuestros compañeros; se llama crisis cuando nos despiden a nosotros. ¿Ha preparado su marca para afrontar este futuro incierto?
O sea que nos hemos pasado el verano cantando, en lugar de guardando provisiones. Los siguientes son algunos consejos clásicos de marketing de supervivencia, que siempre viene bien recordar:
- Añada valor: ser mejor que la competencia puede ser la diferencia entre vender algo o no vender en absoluto.
- Busque la rentabilidad producto a producto, no en el conjunto del catálogo.
- Simplifique: una empresa ágil toma decisiones más rápido.
- Cuide al cliente: los productos no se despachan, se venden; hágase querer.
Y de los que nos atañen, el más importante: no ahorre en publicidad. Todos los manuales hacen hincapié en este argumento, pero es el primero que cualquier compañía olvida. Por lo tanto, si en época de crisis recortan la inversión publicitaria todas excepto usted, la oportunidad le beneficiará el doble.
Aumente su publicidad en medios y más allá. Desde el packaging (Cocacola ha rediseñado sus latas para certificar el fin de la era de las burbujas, inmobiliarias o de otro tipo), hasta las promociones (Bimbo y Central Lechera Asturiana sortean dinero contante y sonante; para la hipoteca, por ejemplo), o el marketing directo (donde la eficacia se mide de forma precisa).
En el mundo de la Bolsa, se llama “osos” a los apostadores pesimistas, en contraposición a los “toros”, que confían en eternas primaveras de auge. Siguiendo el símil zoológico, los mercados son ecosistemas y ahora debe tener muy claro el rol de su marca. Afánese como una hormiguita, corra como una gacela. Que no le atrape el lobo.